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GUANAJUATO EN LO MAS ALTO.
LO LOGRAMOS. PARTE 1.
Dr. Yuri Contreras Cedi.
Domingo 20 de Mayo, Campamento II Lhotse-Everest, CWM a 6,450 mts.,
19:00
hrs., dentro de una tienda North Face V25 escribo en mi diario:
" Ahí viene la noche, lo probable es que duermas
Ahí viene la noche, lo más probable es que mueras
Hoy hace mucho frío, lo más probable es que neve
Hoy hace mucho frío, lo más probable es que no regreses
Nos vamos juntos haciendo viejos
Algunos sueños tocan la piel mordiendo el tiempo, lamiendo el aire
Escalamos juntos, el infierno es mutuo
Mentiras humanas, eternas hermanas
Y sin embargo aquí estoy, y sin embargo, no me voy
Mañana salgo hacia la cumbre, necesito un abrazo para dormir en paz
Vamos a olvidarnos de flagelarnos y solo hay que pensar en escalar
Vayamos juntos, escalemos hasta lo más lejos
Yo te daré mis ojos para que veas la cumbre
Mañana salgo no tengo tiempo de recordar ni llorar
No es momento de pensar en no regresar
Lo siento por mis hijos pero tengo que ir
Si no regreso, pues no está mal, es mi destino, es mi estilo y así será
Y sin embargo, aquí estoy, sin embargo, no me voy."
Aquí los sentidos se dislocan, los temores se evaporan, sé que más allá del
miedo esta la Paz. Todos están ya en sus tiendas, cada quién en su tienda
sabe
lo que vendrá en los siguientes días. Algunos ya han decidido no subir,
encontraron alguna buena excusa y planean el vuelo de regreso antes de haber
intentado acercarse a la meta. Yo he planeado todo lo contrario; mi vuelo a
la
cumbre está trazado, la salida para Campo III está lista, lo que voy a comer
en
Campo IV, la botella para hacer pipí, la botella del agua, las cliff bars,
la
dexametasona está en la jeringa guardada en un estuche de cepillo de
dientes.
Tendrá que tenerla siempre en el traje de pluma para que no se congele. Solo
ruego tener la conciencia suficiente para saber en qué momento debo
inyectármela. Todo está preparado. Lloro un poco (o mucho, realmente no me
acuerdo) de emoción y de miedo. Sé que sólo me daré la vuelta si siento que
mi
avión (mi cuerpo) está averiado. Lloro tal vez por eso, porque sé el dolor
que
representa el regresar con el cuerpo dañado. Son tantas cosas en el interior
que uno guarda y no sales hasta que el cuerpo se llena de adrenalina. Pienso
en
mi esposa y escucho una canción: "Cada segundo sin tu piel me va secando la
voz
y estoy buscándote a ciegas en un sepulcro sin puertas y aunque te escondas
todo el día, la verdad, yo se que estás dormida con los recuerdos de otra
vida.
Los días pasan y aquí estoy junto a tu tumba sin sol, si tu te vas a dónde
voy,
no me obedecen los pies ... ".
Sé que no me hace bien pensar en ella y en mis hijos, tengo que actuar
como una entidad aparte sin responsabilidades, de otra manera no tendré el
valor de poner en juego la vida y si no la pongo, no tengo oportunidad de
ganar.
Lunes 21 de mayo, unos 200 escaladores o más estamos en espera de lo
mismo: buen tiempo. 190 de ellos van al Everest y unos 20 vamos al Lhotse.
La
ruta es la misma hasta el Campo III a la mitad de la ruta para el Campo IV
del
Everest denominado Collado Sur, antes del espolón de los Ginebrinos la ruta
para el Lhotse desvía y sube derecha como flecha para poner nuestro
campamento
a 7900 metros en una parte rocosa conocida como "la tortuga". Tan solo
quedamos
tres en el equipo que iniciamos de siete. Quedamos Peta Watts, británica que
vive en Escocia; Joby Owen, el americano más joven en escalar el Everest y
con
las siete cumbres en su bolsillo y YO. El equipo es pequeño pero los tres
estamos confiados y fuertes, estamos sanos. Para este momento llevamos 52
días
de expedición, estamos flacos como insectos palo. Aún así, salimos, no muy
temprano porque la ruta va a estar llena de escaladores. Ha habido un gran
problema con los del Everest: todos quieren subir el mismo día, no se han
podido poner de acuerdo inclusive se han peleado. Esto no nos afecta, vamos
a
otra ruta. Más inclinada, técnicamente más complicada. Vamos a intentar
subir
el corredor de roca y hielo más alto del mundo . Que emoción, los
pronósticos
meteorológicos nos dan un periodo de vientos bajos y tranquilidad. Podemos
lograrlo. Lo intentaremos el día 23 de Mayo.
Ahí vamos, Peta y yo. Joby saldrá un día después con el único sherpa
que tenemos, Padawa, ellos saldrán de golpe del Campo II al IV. Joby no
quiere
dormir en el Campo III porque es muy peligroso, ya perdimos una tienda ahí.
Yo
se que es peligroso, estamos colocados en mal sitio, pero necesito ir
ganando
altura poco a poco, el riesgo hay que tomarlo. Y ahí vamos tomando altura y
entrando en las pendientes del Lhotse Face: 30, 35, 45, 60 grados hasta
rápidamente llegar a los 90 grados de hielo vertical. Vamos lentos porque no
podemos rebasar. Cuidado con los hielazos de los "güeyes" de arriba. Ahí
vamos,
ganando confianza, nuestros pasos van acompasados por nuestras
respiraciones.
Peta y yo estamos contentos, yo voy marcando el paso, vamos cargados pero
sin
prisa y a las 4 y media llegamos al Campo III a 7300 metros. La tienda está
cubierta hasta el tope de nieve, hay que palear un buen rato. Está rota del
vestíbulo por los hielazos, no importa, lo que sí es una mentada de madre es
el
piso. No hay manera de estar en parejo, no se cómo podré conciliar el sueño
en
un lugar tan disparejo. Aún así nos acomodamos. La estufa está prendida y no
pienso apagarla en todo el día, tomo la tarea de fundir la nieve porque
necesito tomar agua, mucho agua, me cuesta trabajo hacerlo pero no tengo
otra
opción. Necesito hidratarme para que fluya la sangre por las extremidades,
tengo que diluir un poco mi sangre porque está muy espesa, entre más espesa
los
riesgos de congelaciones son mayores.
He tenido que cuidar mucho mis dedos gordos de los pies, por alguna
extraña razón han estado en malas condiciones en estos últimos dos meses. La
he
pasado mal con ellos, de hecho se me han congelado un poco. La madre de una
escaladora en agradecimiento por haber curado unas treinta y tantas veces a
su
hija (no se como no se murió) me regaló unas plantillas a las cuales se les
ponen unas bolsitas térmicas. Esta es mi gran esperanza para regresar con
todos
los dedos de los pies.
El tiempo pasa lento en el Campo III, siempre traigo en el pecho(¿los
colores de la bandera?) NOOOO ... mis cartas, como un buen mago siempre me
acompañan por todos lados. Decidimos jugar al 8 loco un par de horas antes
de
que nos aburramos. Después trato de hacer un poco de magia y Peta me manda a
la
porra, no hay manera de que quiera escoger una carta (aunque hay que decir
que
en verdad si le gustan mis magias), será la altura. El frío nos empieza a
pillar y nada más pienso en cómo voy a dormir, Peta rezonga de lo larga que
será la noche, de lo que nos va a afectar el no dormir. Yo, por alguna
misteriosa y exótica razón pude encontrar acomodo en el inaccesible suelo y
pude dormir. El sol nos despertaba todos los días a las 4:30 de la mañana
(aquí les tiene muy sin cuidado el cambio de horario, amanece a las 4:30 y
obscurece como a las 18:30). Peta se quejaba de no haber dormido, de que yo
hacía muchos ruidos, que parecía todo un Yak. Y me dijo que lo que más le
molestaba era ver que yo si estaba dormido. "No roncabas, hacías ruidos como
que te esforzabas por respirar, pero estabas dormido mientras y no podía
pegar
el ojo. Bloody Bastard!".
Iñaki Ochoa, el español que antes escalaba con nosotros nos comenta por
la radio que no saliéramos temprano, que saliéramos como a las 10 am para
dejar
pasar a todos los del Everest. El iba contratado como camarógrafo de la
expedición canadiense de la cual yo estaba también contratado como médico.
El
haría cumbre el día 24 en el Everest. Prendimos la estufa desde las 5:30
am,
y
como dos horas después escuchamos a Joby fuera de la tienda, lo invitamos a
pasar a tomar un te. Padawa no quiso pasar, dijo que se iba de una vez al
Campo
IV, había que levantar dos tiendas. El equipo estaba reunido. Peta decidió
conectarse al equipo de oxígeno suplementario desde el Campo III. Salimos
como
a las 10 am. Peta con la ayuda del oxígeno se nos adelanto, atrás Joby y yo
tardamos una hora en alcanzar la parte superior del Campo III. Aquí
estabamos
más seguros, en la parte baja recibíamos toda clase de piedras y hielos a
discreción, pero ya eso era pasado. Veíamos nuevamente la inmensa cola de
escaladores que habían salido desde las 5 am. Joby puso el turbo y salió
hecho
la raya, nuevamente me quedé solo a mi propio paso durante las siguientes 3
horas contando los pasos. Al llegar a los 7700 metros ya contar me resultaba
difícil, tan solo mentaba madres y me sentaba a ver cómo pasaba la vida. Con
la
cabeza apoyada en el piolet, no tenía fuerzas para seguir. Mis piernas no
estaban tan mal, mi corazón no estaba desbocado, entonces ¿qué pasaba?. Tan
sencillo como que no hay oxígeno, mentaba madres una y otra vez. Caminaba
hacia
el principio de una franja rocosa llamada la franja amarilla cuando vi un
grupo
de 8 o 9 sherpas cargando a un montañista. Yo sabía bien quién era, era el
estúpido chaval de 19 años del grupo de Gary Pfister (un grupo de inexpertos
que iban al Lhotse) que había tratado de subir el día anterior el colador
del
Lhotse, por radio supimos que se accidentó. Fue rescatado por Simone Moro,
un
italiano que estaba en el Campo IV del Lhotse junto con otros españoles.
Peta y
Yo sabíamos de esto, particularmente Yo, porque ellos sabían que yo soy
médico
y si me pedían ayuda tendría que dejar mi expedición y mi propio intento a
cumbre por culpa de la imprudencia de un imbécil. Cuando nos cruzamos Gary
me
reconoció y me dijo que su compañero no estaba tan mal, no pidió mi ayuda y
me
sentí liberado de no tener que dejar mi intento a la cumbre. De lo que
nadie
me liberó fue del hecho de que yo seguía sintiéndome del nabo. El pecho me
dolía como si fuera una osteocondritis (inflamación del esternón por el
esfuerzo de respirar) ya me había dado hacía 3 semanas y junto con el otro
médico de la expedición llegamos al diagnóstico antes de que se fuera.
Estaba
solo, ya nadie venía atrás de mí, tan solo yo, mi piolet y mi
consciencia.
Tenía que encontrar una solución. La primera fue REGRESATE. Y en ese momento
empezó la mente a dialogar :
"¿Cómo que regresar?"
surgió la típica pregunta gringa "Why not"
"porque no puedo regresar a esta altura, son 7700 metros, ni siquiera me he
acercado a Campo IV. No me jodas, no me jodas con tus mariconadas"
"no puedo ni caminar, regrésate"
"como que no mira como si puedo, 10 respiraciones y un paso, 10
respiraciones y
otro paso. Verdad que sí puedes. Inténtalo"
"Pero no hay nadie, estoy solo"
"Y ahora me sales con que siempre estás muy acompañado, eres un solitario de
naturaleza"
"Si pero no aquí"
"Maricón"
"Si lo soy y qué"
"No, no lo eres, eres el mejor y tienes que caminar"
"¿Aunque vaya despacio?"
"y qué , esto no es una carrera"
"¿Aunque vaya más despacio?"
"ya dejate de ma... y cuenta y camina, cuenta y camina, cuenta y camina,
esta
es tu vida, solo cuenta y camina."
"Y mis hijos?"
"¿y que carajos tienen que ver tus hijos a esta altura y en este lugar, que
pintan Yuri jr. y Rodrigo aquí?"
"es que me duele el pecho, ¿y si me pasa algo?"
"Te duele el pecho porque tus músculos están agotados, no tienes nada en el
corazón. Y si te pasa algo ya se casará tu esposa con otro y no pasa nada"
"¿Pero y yo?"
"Preocúpate por caminar, cuenta y camina, cuenta y camina, no
mariconees,
cuenta y camina."
Y así fui: cuenta y camina, cuenta y camina. Pase la franja amarilla, llegué
a
la travesía hacia el espolón de los ginebrinos, llegué a la desviación a
nuestro Campo IV, violentamente se elevaba la pendiente: cuenta y camina,
cuenta y camina. Y así llegué a las 16:30 a la puerta de nuestra tienda.
Cuando
llegué en vez de recibir recriminaciones por haberme tardado tanto, Joby en
la
puerta y Peta en el fondo de la tienda me dedicaron la mejor de sus sonrisas
y
con una espontaneidad maravillosa, sentí como que allí estaba mi familia. Me
invitaron rápidamente a pasar, me tenían reservado el lugar de en medio de
la
pequeña tienda, no era el mejor para una persona de 1.82 metros pero si el
más
calientito. Rápidamente me quite los spikes, pasaron mi mochila, limpié el
hielo de mis botas y con todo y ellas voy para adentro. Joby palmaba mi
espalda
y Peta me daba un capuccino calientito. Lo servía en mi taza grande con la
figura de Mickey Mouse, que yo orgullosamente decía que me había patrocinado
mi
hijo. Vamos, vamos descansa.
Me duele mucho el pecho, le dije a ambos, me dolía el pasar el
capuccino. "No te preocupes te recuperarás, el tiempo está hermoso, lo más
seguro es que la vamos a hacer. Venga, ya estas a 7900 metros. Estamos en el
principio del fin. Toma tu capuccino, tenemos 10 horas para hidratarnos y
descansar". Joby con su 1.90 y tantos trataba de hacerme espacio y Peta con
su
1.60 y tantos trataba de ganarme espacio. Como sea nos acomodamos, nos
sonreímos los tres. Apenas puede estar cómodo cuando saqué las fotografías
de
mis hijos y de Cristina, se las enseñé como por cuadragésima vez, ambos
sonrieron pensando seguramente: "este ca... otra vez con lo mismo", pero
sonrieron. Peta las agarró y por cuadragésima vez me dijo. "están muy
bonitos". Las guardé, me recosté y disfruté el momento. Estoy tan solo en
la
antesala del cielo, si todo va bien mañana podré tocarlo un poquito y
pensando
en eso me quede dormido.
Continuará...
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