DESOLACION, MAL CLIMA Y ATAQUE.

Dr. Yuri Contreras Cedi.

Viernes 18, Mayo, Campamento base Lhotse Everest.

Hoy se cumplen 49 días de estar en las montañas, afortunada o
desgraciadamente aquí el tiempo no tiene significado en sí mismo, el tiempo
se
mide por los acontecimientos y la posición que cada uno va teniendo en la
montaña, por ejemplo, si ya llegaste al campamento I o II o III. Aquí las
cosas
se miden por las acciones y acontecimientos. Este año los acontecimientos
han
sido crudos y concisos: el 29 de Abril pasado muere el Sherpa más famoso del
mundo a 15 metros de mi tienda en el campamento II a 6450 mts sobre el nivel
del mar, al caer en una grieta de aproximadamente 30 metros de profundidad.
Esta oquedad en el piso estaba cubierta de nieve y el experimentado Sherpa
que
había conquistado el Everest en 9 ocasiones, dormido el año pasado 21 horas
en
la cumbre, había roto el record de velocidad para subirlo con 18 Hrs y
muchos
otros records, salió a tomar fotografías y pisó encima de la nieve que
cubría
la mortal trampa y murió en las entrañas de la Montaña que tanto amo.
Realmente un golpe fuerte para todos los que nos encontrábamos en la
Montaña, me enteré a las 5 de la mañana del 30 de abril cuando subía
precisamente del campo base al campamento II. La noticia golpeó fuerte en el
ánimo y una oleada de miedo la acompaño. Ese mismo día un miembro de nuestra
expedición decidió retirarse de cualquier intento de subir la Montaña, el
taiwanés J.T. Chang, profesor de matemáticas en EUA (con doctorado en
Harvard),
sintió un mal augurio y después de haber hecho todo su trabajo de
aclimatación
decidió no volver a subir más, así de fácil.
Para ese entonces Scott Mackee de Canadá (médico especialista en
urgencias de 35 años) y yo ya habíamos acordado escalar juntos, esto era una
tranquilidad para ambos ya que uno cuida las espaldas del otro, cuestión por
demás importante en la montaña. Ya cerca del CII a la mitad del CWM nos
encontramos la procesión de sherpas y algunos occidentales que ayudaron a
rescatar el cuerpo del Sherpa y lo traían de vuelta. Vimos pasar su cuerpo
amortajado en un sleeping y una manta plástica. Vaya que si impacta el saber
que dentro de ese saco se encuentra el sherpa más famoso de la historia,
solo
un día antes acaudalado montañista que ayudaba económicamente a toda la
villa
en donde había nacido.
Un mensaje corría en mi sangre, “si eso le pasó al más famoso sherpa,
qué te puede pasar a ti”, tan sencillo como eso. Con todo ese peso
psicológico
en la mochila logramos llegar al campamento III a 7400 metros de altura el
02
de Mayo, ahí pasamos la noche, a menos 25 grados. Al día siguiente nos
preparamos para subir hasta la banda amarilla a 7 700 metros, salí de la
tienda
a las nueve de la mañana y no había subido ni 50 metros cuando ya regresaba,
el
motivo, muy simple, no sentía los dedos gordos de ambos pies.
El viento golpeaba con fuerza pero lo que mataba no era la velocidad
sino el frío que contenía. Tan pronto llegué al leve refugio me quité las
botas
y las 3 calcetas y encontré mis dedos como camotes de puebla, así que saqué
un
par de mini bolsas térmicas y a calentarlos. En el proceso llegaron todos
mis
compañeros, imposible subir, el viento congelaba a todos. El trabajo de
aclimitación estaba hecho solo faltaba esperar unos días de buen clima para
poder iniciar el ataque a la cima.
Para el 5 de Mayo nos encontrábamos nuevamente en el campamento base
recuperándonos. Después de tan solo tres días de descanso tuvimos noticias
de
que se podría contar con unos cuantos días para poder atacar la cumbre. Con
la
tristeza de subir nuevamente al campamento II el día 8, día del 3er
cumpleaños
de Yuri Jr., sin poder tan siquiera avisar a Cristina que iba a atacar la
cumbre, salimos los que quedábamos del grupo (5 miembros) ya se habían
retirado
2. Llegamos llenos de ilusión a CII, la base del ataque a la cumbre, todo
listo
para el día siguiente salir a CIII, después a CIV a 8 mil metros y de ahí a
la
cumbre que esta a 8,516 metros. La noche sorprendentemente cálida (10 bajo
cero) nos puso en aviso de que el mal tiempo venía. A las 5 de la mañana la
tormenta azotaba con ferocidad nuestras tiendas, varados, esperamos 4 días a
que el tiempo mejorara. Pero cada día era peor, hasta que el día 12
decidimos
bajar.
Nuestras tiendas en campo III (2), habían sido barridas por la
acumulación de la nieve, sepultadas por kilos de helado material no las
pudimos
localizar con los binoculares.
De regreso al campo base, desilusionados y cansados. El resultado, 2
miembros más de la expedición abandonaron su intento, uno de ellos mi
compañero
Scott, el cual este año era la tercera ocasión que intentaba llegar a la
cumbre
del Lhotse, sin mucha tristeza decidió alcanzar a su esposa en Australia y
pasar unos días con ella. En un año de matrimonio no habían tenido muchos
días
juntos, y para él ya había sido suficiente. El otro integrante, nuestro
líder
el escalador español Inaki Ochoa, se tuvo que unir a otra expedición que
contrató sus servicios como Camera man para una expedición en el Everest, de
hecho la misma expedición que contrató mis servicios como médico en la
aproximación a la montaña y con los cuales tengo una muy buena relación. Así
como la canción de los perritos eramos 7 y ahora tan solo quedamos 3.
Joby 26 años, de EUA, el americano más joven en subir el Everest.
Peta de cuarenta y tantos (no quiere decir con certeza cuántos) de
Escocia. Ha intentado subir el Lhotse en dos ocasiones y fue compañera mía
en
el Everest en 97 pero abandonó a 8 mil metros en el intento a cumbre.
Y el tercer sobreviviente soy YO.
Ya llevamos casi una semana aquí en el campamento base, nos hemos
recuperado más que bien, pero el mal clima sigue azotando todos los intentos
de
los demás equipos por llegar a la cumbre. Un sentimiento de desolación se ha
generalizado, las nevadas constantes azotan la mente de todos los que por
aquí
estamos. A pocos días de haber llegado nuevamente al campo base fui golpeado
por un sentimiento de tristeza que hacia años no sentía, una sensación de
angustia se acumulaba en el pecho y con desesperación explotaba en mis ojos
humedeciendo la vista sin saber porque.
Pienso en mi esposa, todas las noches cierro los ojos y empiezan a
pasar películas de mis hijos:
Yuri con su bicicleta por el parque México empujado por su mamá, los
días de entrenamiento en el mismo parque, las señoras chismorreando mientras
hacen su ejercicio, Rodrigo en su silla comiendo como los grandes. Tantas
cosas
que normalmente pasan como tan cotidianas y sin gran sentido, aquí viviendo
en
el filo de la muerte se hacen tan bonitas y tan intensas.
Cuantas noches no he querido abrazar a mi esposa por el calor tan
infernal de León, ahora me arrepiento de no haberla abrazado hasta en las
noches más calurosas. Aquí la vida adquiere otro sentido, vivimos con lo más
esencial, una coca cola o una cerveza es todo un acontecimiento, cada trago
se
paladea dos veces seguidas. La risa adquiere otra dimensión, aquel mundano
disfraz de doctor con que transito en León ha sido completamente desgarrado,
cada vez que he subido la Montaña perdiéndome en la intensidad y falta de
oxígeno de sus alturas un pedazo de ese traje ha sido desbaratado. Aquí
quedo,
con la piel de un guerrero que lucha y pierde el aliento en cada ascensión,
que vive en el peligro constante en la cascada de hielo, ya van 10 veces que
la
atravieso, con sus abismos en cada momento, la ladera del Lhotse montando
guardia con su increíble pendiente y su pernicioso peligro, los días de mal
clima, la soledad de vivir en una tienda de 2X1. Todo junto hace que ni el
mejor curtidor de León pueda curtir el alma de cualquiera de los escaladores
que por aquí sobrevivimos.
Joder, esto es más que un simple deporte, es un curso de apreciación a
la vida. En dos meses y medio se aprende a amar cada pedazo de pan, se
recuerda que no hay nada más importante que el agua; la familia adquiere tal
dimensión que lo más doloroso es pensar en no verla más. Mas que aprender a
ser
temerarios y a disfrutar con el peligro, aquí se aprende a ser cuidadoso y
amar
la vida y con los que vivimos.
Los resentimientos pierden cualquier valor, todo se entiende en un
continuo. La vida dura purifica el Alma del más rudo.
Tantas cosas que decirles, tantas cosas que contarles, pero no tengo
mucho tiempo ya que probablemente mañana 19 o el 20 (Mayo) suba para
esperar
esos tres días de buen clima que necesito para el ataque a cumbre. Como
piloto
de combate preparo mi ataque, mis copilotos las fotos de mi esposa y de mis
hijos guardadas en lo más profundo de mi equipaje.
Agradezco a todos los que han llamado a mi esposa para preguntarle por
mí, desde aquí un cariñoso saludo y desde este lugar tan alto los incluyo en
mis plegarias.
A todos mis queridos lectores, aunque no los conozco los llevo en mi
mente con aquel artículo en donde con toda claridad les dije: “ No me rajo”
y
no me he rajado aunque los madrazos han estado como para echarse un poco
para
atrás.
Todos aquí hemos sido bastante golpeados física y psicológicamente,
pero así es el juego y si quieres tener la oportunidad de ganar tienes que
aceptarlo.
La pronta esperanza de regresar a León es un brillo en aquellas noches
de total oscuridad. El abrazar a mis hijos y esposa tendrá que esperar,
primero
tendré que seguir siendo un Hombre en toda extensión de la palabra, aguantar
vara, saberme mover con inteligencia y tener una pizca de suerte para poder
alcanzar la cima.
Los días que vienen serán los más duros, todo está preparado para la
batalla, soy un peleador nato, nada más espero una pequeña oportunidad para
salir a conquistar las estrellas y traer la añorada foto de cumbre. Pase lo
que
pase, seguro regresaré lleno de interesantes cosas que querré compartir con
ustedes.
En donde estén les envío un cariñoso saludo desde lo más alto del
mundo, y recuerden aunque la vida se les cierre no dejen de luchar por lo
que
más quieren, cada día puede ser la última oportunidad de ser feliz, no la
pierdan. Denle duro también ustedes, porque yo aquí, NO ME RAJO.

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